Por: Dr. Abdel Aziz Tarekji
— Periodista de investigación y investigador en violaciones internacionales de derechos humanos —
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En el primer aniversario de la caída de la dictadura de Bashar al-Assad, la pregunta central ya no es cómo cayó ese régimen ni a qué costo, sino por qué logró mantenerse durante tanto tiempo, y por qué el mundo árabe sigue siendo incapaz de arrancar las raíces del autoritarismo del suelo del poder. La caída de Al-Assad no fue un hecho sirio aislado, sino un momento revelador que dejó al descubierto a todos los regímenes que construyeron su existencia sobre la represión, presentaron el miedo como condición de estabilidad y consideraron el silencio popular como un logro político.
Esta conmemoración no solo evoca el pasado, sino que impone una comparación dolorosa con el presente. Mientras la dictadura de Damasco cayó moral y políticamente bajo el peso de sus crímenes, otra dictadura, menos ruidosa y más astuta, continúa ejerciendo la misma represión, pero mediante métodos “suaves” y aceptables a nivel internacional. Aquí, en Ramala, se erige Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina cuyo mandato expiró hace más de quince años, como modelo de autoritarismo funcional, que no necesita tanques ni barriles explosivos, porque mata la política desde dentro, confisca a la sociedad en nombre de la legitimidad y reprime a los palestinos en nombre de la “causa”.
La diferencia entre Bashar al-Assad y Mahmoud Abbas no es de esencia, sino de método. Al-Assad gobernó con fuego y hierro, Abbas gobierna mediante decretos y aparatos de seguridad. Al-Assad destruyó ciudades, Abbas destruyó instituciones. Al-Assad heredó el poder de forma explícita, Abbas intenta heredarlo en silencio. Al-Assad declaró el estado de emergencia, Abbas lo ejerció sin declararlo, de manera más eficaz y con menor costo para su imagen internacional.
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Legitimidad caducada y poder sin mandato
Desde el 9 de enero de 2009, el mandato legal de Mahmoud Abbas ha expirado conforme a la Ley Básica Palestina modificada, que establece un período presidencial de cuatro años. Desde entonces no se han celebrado elecciones presidenciales, no se ha consultado al pueblo ni se ha renovado el mandato. A pesar de ello, Abbas continuó gobernando mediante una serie de decretos presidenciales con los que paralizó la vida política y transformó a la Autoridad Palestina de una entidad transitoria en un régimen cerrado, administrado por la voluntad de un solo individuo.
Abbas no se limitó a ignorar el vencimiento del mandato presidencial, sino que fue más lejos al congelar de facto el Consejo Legislativo Palestino y luego anunciar su disolución mediante una decisión unilateral en 2018, concentrando en sus manos los poderes ejecutivo y legislativo, en un precedente peligroso que no difiere en su esencia de las prácticas de los regímenes dictatoriales árabes que gobernaron sin parlamento ni control.
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El Estado de los aparatos: las cárceles en lugar de las instituciones
Así como el régimen de Al-Assad contaba con una red de aparatos de seguridad superpuestos, la Autoridad Palestina en Cisjordania construyó un sistema de seguridad fragmentado, que no está sometido a una supervisión legislativa real y que rinde lealtad directa al presidente. Estos aparatos, cuya función debería ser la protección del ciudadano, se transformaron en herramientas de control político y represión interna, dirigidas contra opositores, activistas, periodistas e incluso ciudadanos comunes.
Las cárceles y centros de detención de la Autoridad, como la prisión central de Jericó y las sedes de la Seguridad Preventiva en Beitunia, Nablus y Hebrón, se han vuelto conocidas entre los palestinos como lugares de detención arbitraria y tortura. Golpizas, suspensión forzada, humillaciones, privación del sueño y amenazas no fueron excepciones, sino prácticas reiteradas que, en algunos casos, terminaron en muertes bajo tortura, sin una rendición de cuentas real ni transparencia judicial.
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Emergencia permanente sin declaración
Abbas no necesitó declarar un estado de emergencia formal como lo hizo Al-Assad, porque lo ejerció en la práctica. Detenciones sin juicio, arrestos por motivos de opinión, juicios políticos, persecución de periodistas y criminalización de la crítica bajo pretextos vagos como “alargar la lengua” o “amenazar la paz social” convirtieron a Cisjordania en un espacio político cerrado, donde la vida pública se administra a través del miedo y no del derecho.
Así, la Autoridad se transformó en una versión palestina del Estado de seguridad, donde la política se reprime en nombre de la estabilidad y la patria se reduce a la figura del presidente.
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La herencia del poder: la familia antes que la causa
Así como el régimen de Al-Assad buscó heredar el poder, Mahmoud Abbas trabaja para reproducir la autoridad dentro de su familia. Yasser Abbas, que no posee ningún cargo oficial ni en la Autoridad ni en la Organización para la Liberación de Palestina, y que no es un dirigente histórico ni electo, es promovido como “el hijo político”. En cuanto a Tarek Abbas, se ha convertido en el símbolo del control del poder económico en Cisjordania, mediante el dominio de empresas, contratos y concesiones, en una escena que recuerda claramente el modelo de Rami Makhlouf en Siria.
La Autoridad, bajo el mandato de Abbas, dejó de ser un marco nacional inclusivo para convertirse en una red de intereses familiares, administrada por la lealtad personal y cerrada a la transparencia y la rendición de cuentas.
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De la coordinación de seguridad a la complicidad regional
El papel de Abbas no se limitó a la coordinación de seguridad con Israel, que pasó de ser un compromiso político a una doctrina represiva contra los propios palestinos, sino que se extendió a relaciones de seguridad regionales sumamente peligrosas. El jefe de la inteligencia general, Majed Faraj, desempeñó un papel en la coordinación con Ali Mamlouk, jefe del aparato de seguridad del régimen de Al-Assad, y en el suministro de información al régimen sirio sobre opositores y personas buscadas en el Líbano y en los campamentos palestinos.
Más grave aún, se concedieron pasaportes diplomáticos a figuras del régimen de Al-Assad para facilitar su movilidad y desplazamiento, en un momento en que dicho régimen estaba acusado de cometer los crímenes más atroces contra su propio pueblo. Aquí cae cualquier intento de presentar a la Autoridad Palestina como una víctima, y queda expuesta como socia dentro de un sistema regional de represión.
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Silenciamiento total… y un silencio impuesto
Mahmoud Abbas logró silenciar casi por completo todas las voces opositoras. No existen figuras destacadas de Fatah que se atrevan a confrontarlo, ni funcionarios actuales que lo critiquen públicamente, ni una vida política real. El miedo, la exclusión y el corte de salarios fueron herramientas eficaces para domesticar a las élites y convertir el silencio en la norma.
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Israel: el patrocinador oculto del autoritarismo “suave”
A pesar de las reiteradas declaraciones israelíes que critican a Abbas de forma superficial, todos saben que Israel es el principal beneficiario de su permanencia. Un presidente sin legitimidad electoral, pero eficaz en materia de seguridad. Una Autoridad sin representación popular, pero capaz de controlar la calle. Así se pule externamente la imagen de Abbas, mientras se deja a los palestinos sin voz y sin horizonte político.
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El último de los dictadores árabes… ¿hasta cuándo?
Si Bashar al-Assad cayó moral y políticamente, Mahmoud Abbas se presenta hoy como uno de los últimos dictadores árabes que gobiernan sin mandato popular y practican la represión en nombre de la legitimidad. La pregunta ya no es si este modelo caerá, sino cuándo, a qué precio y cuánta destrucción dejará antes de su caída.
¿Es imaginable que algún día escuchemos en Ramala, como se escuchó en otras capitales árabes, los cánticos de celebración por la caída del autoritarismo?
¿Escucharemos la canción de festejo “Mandus-hum… Mandus-hum… la familia Abbas mandus-hum” en una plaza que celebre el regreso de la política, la libertad y la dignidad en el corazón de Cisjordania, anunciando el fin de las últimas dictaduras que aún permanecen?
La historia no perdona, y los tiranos, por largo que sea su tiempo, caen. La única diferencia es quién cae dejando ciudades destruidas y quién cae después de haber destruido la política y al ser humano desde dentro.
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Para quienes no conocen la verdad sobre ellos: poder, riqueza y familia
Mahmoud Rida Abbas (Abu Mazen): poder sin mandato y acumulación de influencia sin rendición de cuentas
Mahmoud Abbas es presidente de la Autoridad Palestina desde 2005 y presidente del Comité Ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina. Su mandato legal expiró en enero de 2009 sin renovación electoral. Durante sus años en el poder, las autoridades ejecutivas y de seguridad se concentraron en sus manos mediante decretos presidenciales que continúa emitiendo a diario, junto con la paralización efectiva del Consejo Legislativo y la ausencia de mecanismos de control eficaces. Políticamente, su nombre se asoció a un modelo de gobierno basado en la administración del sistema en lugar de su renovación, y en el control del espacio público por medios de seguridad en vez de abrirlo políticamente. En el plano financiero, no se publican datos transparentes sobre la situación patrimonial del presidente ni de su familia, mientras persisten interrogantes sobre conflictos de intereses y la intersección entre la toma de decisiones políticas y los privilegios económicos concedidos a allegados, en el contexto de un poder ejercido sin un mandato popular actualizado.
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Yasser Abbas: el empresario que ascendió bajo la influencia política
Yasser Mahmoud Rida Abbas, palestino-canadiense, es uno de los hijos del presidente Mahmoud Abbas y es conocido como un empresario con múltiples actividades en los sectores de la construcción, la inversión, los seguros y el comercio del tabaco, además de proyectos vinculados a la infraestructura. Informes e investigaciones periodísticas internacionales indican que empresas asociadas a él obtuvieron contratos y proyectos financiados con fondos externos, lo que generó un amplio debate sobre la superposición entre la influencia política y la actividad comercial. Su fortuna se estima —según cálculos mediáticos no oficiales— en cientos de millones de dólares, y su nombre figura dentro de la categoría de Personas Políticamente Expuestas (PEP) en los análisis financieros, una clasificación utilizada internacionalmente para señalar posibles riesgos relacionados con conflictos de intereses, sin que ello constituya por sí mismo un fallo judicial.
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Tareq Abbas: inversiones y monopolio económico silencioso
Tareq Abbas es el otro hijo del presidente Mahmoud Abbas y un empresario activo en los ámbitos de la inversión, los bienes raíces y los servicios. Filtraciones e informes periodísticos, entre ellos los recogidos en los Papeles de Panamá, revelaron que posee participaciones en grandes empresas que operan en el mercado palestino, con estimaciones del valor de activos e inversiones que, junto con las de su hermano, elevan la clasificación financiera de la familia al nivel de multimillonarios. Analistas vinculan este ascenso económico a un entorno monopólico caracterizado por una débil transparencia, donde los privilegios se otorgan en virtud de una cercanía directa al centro de la toma de decisiones políticas, lo que profundiza el debate sobre la equidad de las oportunidades económicas y la independencia del mercado.